La explicación filosófica y científica del amor

Tratando de responder la eterna pregunta: que es el amor, dando vueltas en la mente de los enamorados, la filosofía, el arte, la sicología, han intentado dar respuesta. El avance imparable de la ciencia ha intentado aproximarse a una definición válida, que dé explicación a este complejo estado de la mente humana. ¿Por qué sucede que alguien se obsesione por otro de manera muchas veces absurda?
El cerebro humano, que es el órgano encargado de dirigir, tanto las actividades que regulan los procesos conscientes y los del inconsciente, permanece oscilante entre los dos hemisferios que controlan los mecanismos lógicos y creativos. Si bien es cierto que la expresión del amor depende de la cultura o el medio social, es el cerebro el que verdaderamente organiza las ideas, la manera de comportarse, de hablar, gestualizar, moverse y, en fin, de organizar todo ese complejo entramado que implica gustar a otra persona. Para ahondar en una explicación cultural del fenómeno amatorio, es bueno recordar como el pensamiento antiguo lo entendía.

Según la filosofía: 

Para los griegos, el concepto del amor, se hallaba inmerso en un triunvirato de las figuras mitológicas:

Eros, Ágape y Philia. 

Hombres y mujeres ―tanto los griegos, como los de esta época actual― se ven de repente sumidos en ese torbellino de pasiones contradictorias y misteriosas que envuelven a los enamorados.
El Eros, simboliza el amor erótico, pasional y corporal. Se aproxima mucho al concepto explicado por la ciencia moderna sobre la representación estética de la imagen del amado. Existía en el mundo clásico un canon estético determinado por la referencia matemática reflejada en diferentes objetos del mundo: el Partenón, las vasijas áticas, las esculturas de dioses y cariátides de la Antigua Grecia, tenían como referencia para determinar su belleza, el llamado número áureo. Estudios han demostrado que las dimensiones del número phi: 3.1416, tiene un efecto subconsciente de atracción al determinar la fisonomía de la pareja. La simetría. Este seria un reflejo de la perfección del Eros, su fascinación y  atracción que ejerce en sus distintas manifestaciones corporales.
 
El Ágape, simbolizaría la fusión con el otro ser amado. Es una fuerza que genera ternura, cuidado, protección maternal o paternal, depende de cómo se entienda. Correspondería a la necesidad innata de los mamíferos a ser protegidos, acariciados y a entrar en contacto para sentirse más seguro. Es el amor protector; el que nos anima a cuidar del otro, el amor altruista.     
El Philia, sería el más parecido al entendimiento completo de la otra persona. Vemos a la pareja como una totalidad, comprendida en ella, su manera espiritual, corporal e intelectual. Un concepto de asociación y unión trascendente, que lleva a los involucrados en la relación, un conocimiento profundo, que va mucho más hondo que la mera atracción corporal o “enamoramiento” caprichoso, que dura lo que una vela en la tormenta. Cuando se enciende la llama de este amor, su flama se perpetuará por toda la eternidad; es semejante a la luz que pueden encontrar los místicos religiosos en su meditación espiritual, y el mismo con que Dante Alighieri representa en su Divina Comedia a Beatriz, que a su vez, es reflejo del amor de Dios.

El amor y la visión científica

El cerebro es un órgano en apariencia rígido e invariable, pero las investigaciones en el área  de la neurofisiología han arrojado luces sobre lo contrario. El cerebro, estando inmerso en un mundo complejo y cambiante, se adapta constantemente a las distintas contingencias que este le ofrece. El estado de enamoramiento, alerta los mecanismos cerebrales, poniéndole de alguna manera, en guardia para la conquista. Las mujeres tienen un órgano cerebral proporcionalmente un poco más pequeño que los hombres. Así mismo, los procesos que dirigen la conducta en las mujeres, son diametralmente opuestos a los del hombre. La respuesta femenina del hipotálamo y la amígdala, durante situaciones de intimidad, son distintas activándose de modo diferente. Podría decirse que son maquinas que trabajan a un ritmo distinto. 

El amor romántico, ha sido evaluado por un grupo de científicos quienes seleccionaron a 17 candidatos de manera aleatoria  y por medio de Internet. Con un promedio de 25 años, todos dijeron estar realmente enamorados, de manera apasionada de sus parejas: la prueba consistió en hacerles ver a cada uno de ellos la fotografía de su pareja, comparándola luego con las de amigos y familiares. En el resultado, las imágenes mostraron una actividad cerebral completamente diferente en ambos casos. Se estimularon distintas partes de la corteza cerebral para conseguirlo.

Los mecanismos para recopilar información que tiene el cerebro, son sus sentidos: tacto, oído, vista, gusto y olfato. A través de estos receptores, el órgano interpreta la información dada y la procesa dando una impronta a determinado recuerdo. Cuando el cerebro ha hecho la impronta determinada, que le asocia a esa persona: su olor, su cara, sus gestos, su voz, etc., entonces se activa inmediatamente esa respuesta al verla o simplemente hablar con ella.   

La mecánica cerebral tiene una lógica parecida a la de las cajas chinas: actúa de la misma manera que una sofisticada computadora dentro de otra, que a su vez estuviera interconectada a otra, y que así, poco a poco, van construyendo una imagen virtual de ese “amor”, que conforma la persona asociada a los sentimientos que nos despierta.


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